Premio Europeo Carlos V: testigo del empeño europeísta de la Corona

Hablar del galardón Carlos V es hablar del pasado, presente y futuro de Europa. Este premio -que mantiene una estrecha vinculación con la Corona- fue creado para premiar las contribuciones al conocimiento general y engrandecimiento de los valores culturales, sociales, científicos e históricos de Europa o a la unificación de la Unión Europea.
Premio Carlos V 2019
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La Fundación Academia Europea e Iberoamericana de Yuste se constituyó el 9 de abril de 1992 en el monasterio de San Jerónimo de Yuste en pleno corazón de la bucólica comarca de La Vera, al noreste de Extremadura. Difícilmente podría haberse escogido un lugar mejor para establecer una conexión entre este pequeño rincón de la geografía extremeña y Europa. No en vano, el Monasterio de Yuste fue elegido a mediados del siglo XVI por el Emperador Carlos I de España y V de Alemania como lugar de retiro para acabar sus días. Por insólita que pudiera parecer la elección de este paraje situado en un lugar recóndito de su vasto imperio, basta con hacer una visita al lugar para comprender la decisión del emperador ya que en este magnífico conjunto arquitectónico se integran la belleza natural del entorno, en un lugar que perfectamente hubiera servido de inspiración a Fray Luis de León en su oda a la vida retirada, y un clima envidiable a lo largo de todo el año. Pureza de aires y veneros de agua, gargantas y valles, chorreras y cascadas: un paraíso de agua en la tierra.

Más allá de su riqueza arquitectónica, en la que se aúnan palacio, convento e iglesia, en una clara representación de la simbiosis entre Estado y clero (precedente del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial), este “lugar de la memoria” e historia de Europa lleva ya más de treinta años siendo el mejor exponente de la pretensión europeísta de Extremadura. Una dimensión internacional que incluyó más recientemente el interés iberoamericano desde la fusión de la Fundación Europea de Yuste con el Centro Extremeño de Estudios y Cooperación con Iberoamérica en octubre de 2017. 

Con el objetivo siempre presente de ensalzar los valores europeos y lo mejor de nuestro proyecto de vida en común, la Fundación lleva desde 1992 realizando una infatigable labor de conocer y difundir las raíces y vínculos histórico-culturales de los diferentes pueblos y naciones europeos. Para ello se embarca en actividades culturales a lo largo de todo el año con jornadas, congresos, seminarios, conferencias, publicaciones o, más conocido si cabe, la entrega del Premio Europeo Carlos V. Una distinción internacional con claras reminiscencias de los premios Carlomagno entregados en Aquisgrán desde 1950.

Hablar del galardón Carlos V es hablar del pasado, presente y futuro de Europa. Es narrar los retos y desafíos a los que se ha enfrentado este proyecto político cuasi quimérico (¿quién podría imaginar los resultados de una unión económica creada inicialmente para frenar cualquier tentativa bélica entre Alemania y Francia?) y que, como magníficamente expresó Jacques Delors en el Parlamento Europeo en 1989, ha dado lugar a un modelo de sociedad único en el globo que es voluble y se enfrenta a muchos desafíos:

“Lo que está en juego es un modelo de sociedad cuya desaparición del globo sería una catástrofe. Rechazo una Europa que no sea más que un mercado, una zona de libre cambio sin alma, sin voluntad política y sin dimensión social. Si vamos en esa dirección, yo lanzo un grito de alarma.”

Pese a todas las críticas que podamos hacerle a la actual Unión Europea, hoy, los europeos compartimos un proyecto que ha conseguido al menos tres objetivos fundamentales: la ausencia de conflictos bélicos entre los Estados miembros, la existencia de regímenes políticos democráticos que respetan los derechos humanos y, finalmente, la consecución de una prosperidad y niveles de vida que, en términos comparativos con el resto del mundo, convierten a la Unión Europea en una rara avis de paz, democracia, estabilidad y prosperidad, sobre todo en un mundo tan voluble como en el que nos encontramos.  

Como reconocimiento de los éxitos conseguidos, este galardón fue creado a los pocos años del nacimiento de la fundación con el objetivo de premiar: “a aquellas personas físicas, organizaciones, proyectos o iniciativas que hayan contribuido con su esfuerzo al conocimiento general y engrandecimiento de los valores culturales, sociales, científicos e históricos de Europa o a la unificación de la Unión Europea”. En este loable propósito, el Patronato de la Fundación Academia Europea e Iberoamericana de Yuste elige un jurado compuesto de importantes personalidades en el ámbito científico, académico, social y cultural de Europa; personalidades como la actual directora de la Real Academia de la Historia de España, Carmen Iglesias o también de la institución homóloga en Portugal, Manuela Mendonça, son solo algunos de los ilustres miembros que componen el tribunal. 

El elenco de galardonados no merece presentación alguna, sus hechos y vida hablan por ellos: Jacques Delors (1995), Wilfried Martens (1998), Felipe González Márquez (2000), Mijaíl Gorbachov (2002), Jorge Sampaio (2004), Helmut Kohl (2006), Simone Veil (2008), Javier Solana (2011), José Manuel Durão Barroso (2014), Sofia Corradi (2016), Marcelino Oreja Aguirre (2017), Antonio Tajani (2018) y, la más reciente, Angela Merkel (2021). Fue 2019 el único año que se ha entregado el premio a una iniciativa: los “Itinerarios Culturales del Consejo de Europa”.

Tienen en común todos los laureados haber trabajado en aras de una integración mayor entre los ciudadanos europeos, bien fuera dando los primeros pasos para la incorporación de España a la Comunidad Económica Europea (Marcelino Oreja y Felipe González), o bien promoviendo proyectos tan conocidos por los jóvenes como la iniciativa ERASMUS (Sofia Corradi). Son, sin duda, personas excepcionales cuyas vidas y trayectoria han dejado una huella imborrable, han marcado caminos y han inspirado proyectos de los que todavía millones de ciudadanos se benefician.

La Fundación Academia Europea de Yuste escogió con acierto el título de Premio Carlos V, pues sentó las bases de aquel imperio en el que “nunca se ponía el sol”. Fue el monarca quien, siguiendo su ideal cristiano y erasmista, consideró la necesidad de un imperio en el que se uniera toda la cristiandad y del que él sería cabeza política. Los orígenes cosmopolitas del monarca se sintetizan perfectamente en el testimonio del jesuita francés Dominique Bouhours en el que se recoge supuestamente una expresión de Carlos V que solía decir: “si quería hablar con las damas, hablaba en italiano; si quería hablar con los hombres, hablaba en francés, si quería hablar con su caballo, lo haría en alemán, pero si quería hablar con Dios, lo hacía en español”. Un título idóneo que recoge la historia e identidad compartida de España y de gran parte de Europa con la figura icónica de Carlos V, un monarca europeo bajo cuya égida se conectaron vastos territorios del Viejo y Nuevo Mundo, se circunnavegó el globo terrestre y se abrieron nuevos horizontes para el conjunto de la humanidad.

Aún hoy, el Premio Carlos V mantiene una vinculación estrecha con la monarquía española y es que la Casa Real ha estado presente en todas las ediciones del Premio asistiendo, casi siempre, el rey en persona. Este respaldo continuo se ha hecho aún más fuerte cuando Felipe VI ha accedido a la petición de ser el presidente de honor de la Fundación Academia Europea e Iberoamericana de Yuste desde el año 2018, tal y como consta en sus estatutos. 

Felipe VI, al igual que el rey emérito, han mantenido siempre una política de cohesión y defensa de los valores democráticos y cívicos de todos los ciudadanos, y han abogado por la defensa de un proyecto europeo que apueste por una Europa fuerte y solidaria que contribuya al progreso tanto interno como del de las otras regiones del mundo. Y es que no se puede construir Europa solo con medidas económicas y políticas. La Casa Real es consciente de ello. Para conseguir la vertebración y la unión verdadera entre naciones tan diferentes es necesario que a la búsqueda del bienestar le acompañe un esfuerzo europeo de vertebración en el que la necesidad de crear una identidad cultural compartida será la base indispensable para la consecución plena del sueño federal europeísta. Un sueño en el que se respetará siempre el lema de la misma Unión Europea: “unidos en la diversidad”.

Intervención de Felipe VI ante el Parlamento Europeo en 2015

Europa, desde el punto de vista cuantitativo (demográficamente) como cualitativo (ninguna de las veinte grandes empresas tecnológicas del mundo se encuentra en nuestro suelo), ha perdido desde hace ya más de un siglo la hegemonía mundial y, para sobrevivir, no hay más opción que unirse. Reivindicar una mayor integración y política coordinada dentro de la UE es apostar por el futuro. Hoy ningún país europeo puede encarar por sí solo los retos y desafíos de un mundo cada vez más globalizado en el que nuestros intereses y nuestros valores están en juego: desde la defensa de los derechos humanos a la adopción de medidas para combatir el cambio climático; desde la lucha contra el fraude fiscal al desarrollo sostenible. Todo bajo el deseo de regular y someter una globalización muchas veces desbocada que debe ser reglada y sometida a las exigencias de la dignidad humana. En este contexto nada mejor que concluir con las palabras del mismo Felipe VI, quien, el 7 de octubre de 2015, defendía en el Parlamento Europeo el papel de España y de Europa:

“España y los españoles somos —y sus señorías lo saben bien— europeos por cultura y geografía; por historia y también por vocación política. No es posible concebir España sin Europa ni Europa sin España. Y, por tanto, soy europeo porque soy español. […] Para que la Unión Europea recupere su protagonismo en el mundo es necesario formular un nuevo ideal; un nuevo propósito europeo que movilice a los ciudadanos en favor de la integración y del proyecto de unidad. 

[…]

Como subrayó Jean Monnet en 1943: “Los países de Europa son demasiado pequeños para asegurar a sus pueblos la prosperidad y los avances sociales indispensables”. […] Hoy afirmo ante esta Cámara que representa a los ciudadanos europeos, que todos tenemos el apasionante reto de construir también una Europa renovada para un tiempo nuevo en un mundo ciertamente distinto. No hay alternativa a una Europa unida. Tengamos confianza en Europa. Tengamos confianza en nosotros mismos, los europeos.”

El Premio Carlos V distingue a aquellos que actúan en aras de esta “Europa renovada” y es como, ya casi por treinta años, Yuste se ha convertido en la casa de Europa.

Sobre el autor

Santiago López Rodríguez es doctor en Historia por la Universidad de Extremadura (Premio Extraordinario de Doctorado). Investigador en el Centro Hugo Valentin de la Universidad de Uppsala. Ha sido investigador visitante en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París y presentó su investigación en el Seminario Doctoral Premio Europeo Carlos V-Marcelino Oreja organizado por la Fundación Academia Europea e Iberoamericana de Yuste en 2019.